
El miedo. Sabemos que el miedo es parte de nuestra herencia biológica, diseñado para preservar la vida, aprehender los peligros y crear una memoria para prevenirnos. Los biólogos ubican este mecanismo en una localización neurológica llamada cerebro reptiliano. Ahora ¿qué pasa cuando dejamos que nos tome el miedo sin darnos cuenta? ¿qué pasa cuando el miedo se dispara en automático y no podemos darnos cuenta, cuando nos sentimos temerosos pero no sabemos de qué? Impasibles e impotentes comenzamos a observar como la prudencia se transforma en detención y dejemos de poder evaluar correctamente los peligros potenciales, sentimos que perdemos el gobierno sobre nuestra emocionalidad y nuestra accionar se ve afectado, mermando nuestra iniciativa y poder.
Como seres racionales tenemos una ventaja comparativa enorme para la supervivencia lo que hace al miedo menos necesario y a la razón, la intuición y la imaginación más valiosos, tenemos la posibilidad de no correr ante el rugido de un león en el cine porque entendemos que no corremos peligro. Podemos saber que una situación peligrosa del pasado no necesariamente lo es en el presente, que los recursos y herramientas que incorporamos nos hacen factible lo que antes no lo era, podemos imaginar como cambiar una situación displacentera para transformarla antes que huir, podemos asistirnos del conocimiento, la intuición y el cálculo para despejar las dudas y fundamentalmente podemos hacer uso de otra cualidad heredada en nuestra biología: el coraje, cuya significado etimológico se relaciona con corazón (del latin, cor y del griego, kardiá), diseñado para conseguir lo que necesitamos para sobrevivir y del cual nos servimos para avanzar en la vida aun cuando ni el calculo, ni el conocimiento nos sirven de referencia.
Este video, del genial Jesús Quinteros, aborda el problema de cuando son otros los que manipulan nuestros miedos, cuando inadvertidamente somos alimentados, estimulados, empujados a temer y terminamos haciendo propios temores (muchas veces de otros) que en lugar de preservarnos nos adormecen, no hacen vivir ansiosos, coartan nuestra libertad y expresión.
Cabe preguntarse también ¿cómo actuamos cuando más allá de miedos socialmente estimulados son nuestras personas cercanas o nosotros mismos que más o menos conscientemente alimentamos al dragón?: "No inicies este proyecto porque te puede ir mal", "Mejor no le digas porque te va a dejar de querer", "Quedate en casa que estas a salvo" "¿Por qué arriesgarme e innovar?" "¿Qué van a decir si hago esto que deseo, necesito o me gusta?", "¿Y si me va bien, qué van a pensar?". Muchas veces ese miedo se instala allí donde creemos que si expresamos nuestra singularidad, si asumimos el compromiso con lo que nos importa y deseamos seremos apartados de la comunidad, situación que en nuestros orígenes podía significar la muerte, pero que hoy carece de sentido.
Ese temor logra que nuestra vida ensombrezca, que abandonemos nuestros sueños, que nos cerremos al contacto con otros, que nos quedemos en casa, que desconfiemos del vecino, que dejemos de hablar de lo que importa, que dejemos de pedir, prometer y ofrecer, que no iniciemos nuestros dorados proyectos y que finalmente vayamos temiendo a la misma vida. Vida que es imposible vivir sin riesgo. Ya que una vida con sentido no es sin riesgo, ya que alcanzar los frutos sabrosos del vivir implica asumir inseguridades y peligros, implica hacerse cargo de nuestra potencia y capacidad.
Si nuestro destino es convertirnos cada vez más en seres luminosos y conscientes, esto no puede hacerse sin conjurar el temor y animarse a avanzar hacia la sombra, sabiendo que esa luz que llevamos nos transforma en seres más plenos e integrados. Sabiendo que al avnazar, al cuestionar aquello que creemos natural, que al revisar nuestros fundamentos e indagar en nuestras profundidades al peor de los miedos lo podemos sentar en nuestra falda, cantarle una canción de amor y observar como se aleja para que expresemos así en forma y medida todo nuestro brillante potencial, para que nuestro corazón coraje nos impulse hacia todo lo que podemos llegar a ser.®
Gonzalo Grande
muy bueno, inspirador.... gracias. me gustaria agregar al concepto, humildemente, una opinion: una vida sin sentido igualmente tiene riesgo. vivivimos muchas veces sobreviviendo reptilicamente, defendiendo nuestra superviviencia, evitando las muertes cotidianas, muertes emocionales, intelectuales, fisica. como si pudieramos controlarlo, pero igualmente vamos a morir. de modo que vivir, de cualquier forma tiene riesgo. evitar el reiesgo es una ilusion, resignamos nuestra autenticidad, en la ilusion de que evitamos el riesgo. Dejamos de vivir plenamente, creyendo que eso es equivalente a no morir.
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